Empecé a trabajar con ordenadores en 1990, y desde entonces llevo una media de 8 horas diarias sentado delante de una pantalla (y algunos días bastante más). Y durante la mayor parte de todo este tiempo no he tenido ningún problema de salud importante derivado de ello: por suerte las pantallas siempre han sido de buena calidad, lo que ha contribuido a que mi vista no empeore demasiado, y las sillas también han sido bastante decentes, lo que también ha ayudado a que mi espalda no esté demasiado mal…
Pero llega un momento en que tu cuerpo empieza a acusar el efecto de estar tanto tiempo sentado, por muy buena que sea tu silla y por mucho que intentes “mantener la postura ergonómica más adecuada” (algo difícil de controlar cuando te abstraes en el trabajo). Al menos eso me estaba empezando a ocurrir desde hace un tiempo. Y no me refiero solo a las típicas molestias más o menos crónicas en la espalda: los efectos empezaban a extenderse. No entraré en detalles, pero os lo podéis imaginar
Hace varios años, revisando los típicos extras de las películas de Pixar, me sorprendió bastante ver que en sus oficinas se veía a alguno de sus artistas trabajando en sus ordenadores de pie (!). Y entonces pensé: “mira qué curioso, con lo bien que se está sentado, ahí tienes a esos tipos de pie delante de un ordenador”.

Artista de Pixar trabajando de pie (aunque sí: parece que se adivina un pequeño apoyo por detrás)
Pero aquello se me quedó grabado, y ese detalle, sumado a los efectos adversos sobre mi cuerpo tras pasar tantísimo tiempo sentado, hizo que me empezara a rondar por la cabeza la idea de cambiar mi forma de trabajar.
La chispa que desencadenó mi decisión fue la comprobación de que está empezando a surgir una corriente que habla de los beneficios de combinar el trabajo sentado con el trabajo de pie. Una simple búsqueda en Google os dará numerosos resultados. Ahí van unos cuantos ejemplos:
Evidentemente, el estar 8 horas de pie delante de un ordenador puede acabar siendo tan malo o peor que pasarlas sentado (para la espalda, las rodillas, la circulación, los pies…). Lo importante es combinar ambas formas de trabajar: un rato sentado, un rato de pie… Lo cual, además, te obliga a realizar unos cíclicos cambios posturales que siempre son beneficiosos.
Así que me lancé a ello
Para poder combinar el trabajo sentado y de pie, tenemos dos posibilidades:
1. Tener una mesa que pueda subir —para trabajar de pie— y bajar —para trabajar sentado en tu silla de siempre—.
2. Hacer que la mesa sea más elevada, lo suficiente como para trabajar cómodamente de pie. Y usar un taburete alto, lo necesario como para estar sentado a esa mesa.
Lo de usar una mesa “convertible” es algo que descarté casi de inmediato. No tenía intención de gastarme un pastón en una de éstas. Contruirla por mi cuenta o con ayuda profesional también conllevaría una complejidad y coste importante. Y lo más importante de todo: el cambio postural “sentado / de pie / sentado / de pie” tenía que ser ágil y rápido, cosa que me parece difícil de conseguir con una mesa convertible (tanto si el mecanismo es manual como eléctrico). Así que me decanté por la segunda opción.

Silla en la que trabajo desde hace unos años
Además, algo importante: no quería gastarme mucho dinero, entre otras razones porque no estaba muy seguro de que el experimento fuera satisfactorio (me preocupaba no acostumbrarme a esta nueva forma de trabajar).
Ocurre además que la silla en la que trabajo actualmente es bastante buena, me costó un dinerito considerable y la tengo desde hace relativamente poco tiempo. Así que prefería aprovecharla.
Lo primero que intenté fue averiguar si se le podía poner un nuevo “bombín” más largo para elevarla lo suficiente. Pero no hubo suerte. También se me pasó por la cabeza la posibilidad de llevarla a un taller mecánico, a ver si me podían hacer algún apaño… Pero me preocupaba que hicieran alguna chapuza irreversible. Por todo lo cual me decidí por el “hágaselo usted mismo”.
El “Proyecto Mamotreto”

“Proyecto Mamotreto” en Modo
Porque sí: es un mamotreto, feo de narices y casi esperpéntico. Pero es un mamotreto que funciona. Y después de un mes trabajando puedo decir que ha sido una buena idea
Lo que he hecho ha sido elevar mi mesa 41 cm (la distancia exacta que hay entre mis ojos sentado en mi silla y mis ojos de pie). También he tenido que crear un banco de apoyo para los pies con esa misma altura, para que al estar sentado tan alto no quedaran colgando. Y finalmente, lo más “delicado” y también lo que más me preocupaba, porque no sabía qué tal iba a funcionar: una plataforma elevada para la silla. Y con ruedas, claro, para poder desplazarme si fuera necesario.
Os dejo con unas fotos del antes y el después, así como una imagen del proceso.

Mi espacio de trabajo antes de la intervención

Trabajando en la plataforma para elevar la silla

Este es el aspecto una vez terminado. No es elegante, pero funciona 

Otra vista del conjunto
Conclusión tras casi un mes de uso
Trabajando sentado estoy exactamente igual que antes (tuve mucho cuidado al medirlo todo). La única pequeña “pega” es que cuando quiero mover el conjunto: plataforma elevada + silla + yo mismo encima de todo, tengo que aplicar un poco más de esfuerzo que antes. Pero, repito, es un mal menor. Por lo demás todo es igual.
Y lo bueno es que ahora, cuando me canso de estar sentado, me puedo poner de pie y seguir trabajando sin sentirme tan entumecido. Y esta segunda postura cada vez me está gustando más. Diría que cada día estoy pasando más tiempo en pie: todos los días empiezo de pie, y a lo mejor no me siento hasta mediodía. Ha habido alguna ocasión que he estado toda la mañana de pie, 5 horas seguidas. Tampoco se trata de ver hasta cuánto aguanto, simplemente hago lo que más me pide el cuerpo en cada momento, y si estoy bien de pie, sigo de pie. Si me canso, me siento. Y así voy cambiando de postura.
Es curioso, porque estoy detectando que hay ciertas actividades que hago más a gusto de pie, por ejemplo pensar y darle vueltas a un tema, investigar… digamos que todo aquello que tenga que ver con “ser más creativo”. El hecho de estar de pie favorece que te puedas mover más: un paso atrás, a izquierda o derecha, te estiras mientras aprovechas para pensar cómo afrontas algo, te alejas de la pantalla y la observas con distancia… No sé muy bien como explicarlo: pero me gusta.
En resumen: ha sido un éxito. Y si estáis notando molestias por pasar muchas horas sentados, os lo recomiendo totalmente